No me digáis que el ímpetu me ciega
No queráis que no arrolle todo al paso,
con esta juventud que siembra y ciega,
como un alba que busca ya su ocaso.
No me queráis quitar lo que es torrente,
lo que tengo de piedra disparada;
el ímpetu que soy desde mi frente
y el rayo que me voy en la mirada.
No queráis que mi impulso se marchite
y acabe manso en moribundo río.
No me digáis que frene y medite,
esto que brota del adentro mío.
No se precave el mar de la escollera,
Ni se piensa la luz cuando amanece,
Ni se inventa la rosa su manera,
Ni sabe el árbol que siquiera crece.
Dejadme libre, como siempre he sido,
-caudal y juventud, himno y anhelo-,
decirle a los demás lo que he sentido,
mientras tenía el corazón de vuelo.
No queráis inculcarme la prudencia.
No le pongáis cuaresma a mi garganta,
que me sale voz sin continencia,
porque mi sangre la libertad hoy canta.
Ezequiel Ander-Egg
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